Domingo por la mañana, me lamento que no haya café en la despensa de la cocina y decido regresar a la cama pues no me siento dispuesto a salir a la calle a comprarlo y no pienso comenzar mi día sin una taza decente de café, mientras voy en la cama y estoy enfrascado en mi gran dilema oigo en la puerta de mi casa un claxon y miro desde la ventana, es mi amigo Carlos, el es de este tipo de raras amistades con las que es imposible perder contacto, simplemente por que viven a 4 cuadras de tu casa, además de eso fuimos juntos a la primaria, a la secundaria y desde entonces somos viejos amigos.
Esta vez era muy diferente, había olvidado por completo que ese era el día en que Carlos se mudaría, se iría a la colonia portales a solo unas cuadras de su trabajo (por cierto si lees esto felicidades), de pronto vi desvanecerse mi plan de estar en pijama ese domingo, ver televisión toda la tarde y nada mas. En la puerta de mi casa estaba Carlos con una camioneta repleta de sus cosas de la mudanza. El me había pedido ese favor desde hace mas de un mes, creo que esa es la primera de las razones por la que no lo recordaba (nota mental: comprar una agenda), la segunda era que una parte de mi corteza cerebral estaba aun manipulada por el alcohol de la noche anterior.
Un cuarto de hora después y bajo la promesa de detenernos en algún lugar que pareciera una cafetería estábamos ya en la calzada Zaragoza, después de 20 minutos en el camino, una patrulla le pide a Carlos que se estacione (juro que no entiendo por que su primera reacción fue mirarme a mi ), resulta que había un problema con los papeles de la camioneta que traíamos, la camioneta es del tío de Carlos, el trato de arreglar la situación pero la única forma fue con la respectiva mordida, así que aun no llevábamos ni media hora en el camino cuando parecía una mala señal que siguiéramos con la mudanza.
Siguiendo con nuestra aventura de domingo, mi amigo cumplió su promesa nos detuvimos en una cafetería pero como para ese entonces ya era cerca del medio día optamos por el local de comida que estaba justo a un lado. Comimos muy bien, la comida no era buena pero tampoco era mala así que el siguiente problema ocurrió al pagar la cuenta, al parecer la persona que nos atendió estaba muy ajetreada y supongo que confundió las cuentas pues estaba empeñada en cobrarnos el consumo de otra mesa, la confusión aunque duro alrededor de 15 minutos si resulto algo frustrarte pues hasta el dueño del local de comida se vio involucrado y las personas de las demás mesas miraban curiosamente la situación, mas aun cuando Carlos explicaba muy impacientemente al dueño el motivo de la equivocación.
Después de haber solucionado el conflicto y recibir una minúscula rebaja en la cuenta a manera de compensación y algunos daños no especificados al ego del mesero cuando fue regañado, llegamos finalmente a la nueva casa de Carlos, nos costo mucho transportar los muebles pues sigo pensando que las escaleras no son la mejor forma de subir muebles a un segundo piso, por suerte Carlos aun no tiene demasiados muebles. Lo más curioso de todo ocurrió después de la mudanza, yo me encontraba desocupando las ultimas cajas que había y de pronto Carlos entro muy agitado, lo siguiente que supe fue esto:
- No manches, te acuerdas de Charlie Brown?
- Charlie Brown?, el que sale con snoopy?
- No seas wey, el de la secundaria
- :S, que onda con ese cuate?
- creo que vive a tres departamentos de aquí, y creo que me vio hace rato
(esto debe leerse con cara de pánico).
Charlie Brown era un compañero de clases en secundaria, el mas odioso que recuerdo, un hígado el tipo, todo el mundo se alejaba de el, todos tratábamos de no llevarnos demasiado bien con el, era bien conocido que el tipo tenia cabeza muy redonda y ojos pequeños por eso todos lo llamábamos Charlie Brown, todos le jugábamos bromas y prácticamente le hicimos la vida imposible, de alguna manera quería saber si esto era un enorme caso de retribución karmica, si la ley de la causa y el efecto después de muchos años había cobrado sentido, por eso me asome al pasillo no encontré a nadie, salí y vi por la ventana del pasillo como se alejaba por la calle, no había duda era el, volteo y nos sonrió, por eso era peor, nos había identificado, solo atine a pensar, que si esto no era karma al menos sabíamos que el universo tiene un buen sentido del humor.
Después de dejar a Carlos instalado en su nueva casa fui hacia el metro mas cercano, siempre había atribuido al karma como una corriente muy cercana de la escuela de las galletas de animalito, pero después entre en desconcierto, si cosechamos lo que sembramos, si el karma en realidad existía, ¿cual karma estaba pagando yo?.